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unque por mucho tiempo se le elogió como escritor, novelista y explorador, lo que inicialmente centró la atención del mundo en L. Ronald Hubbard fue la publicación de Dianética: La Ciencia Moderna de la Salud Mental (editado en España como Dianética: El Poder del Pensamiento Sobre el Cuerpo) en 1950. Este libro, que marcó un punto decisivo en la historia, proporcionaba el primer enfoque funcional para resolver los problemas de la mente, la primera esperanza de que se podía hacer algo acerca de las causas del comportamiento irracional; la guerra, el crimen y la demencia. Dianética es algo que cualquiera puede usar para su propio mejoramiento y el de sus semejantes. De aquí que, cuando se publicó el libro, el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Amherst (universidad privada en el estado de Massachusetts, en EE UU), Dr. Frederick L. Schuman declaró en el New York Times: "La Historia se ha convertido en una carrera entre Dianética y la catástrofe. Dianética triunfará, si se desafía a suficientes personas a comprenderla a tiempo".

Aunque la mayoría de los hombres podrían haber estado satisfechos con tal logro, L. Ronald Hubbard no se detuvo en Dianética. Sí, había resuelto el enigma de la mente humana, pero todavía quedaban preguntas sin resolver referentes a la naturaleza del ser humano como tal, enigmas no resueltos relacionados con ese "algo" por tanto tiempo buscado, que llamamos vida. Y de su investigación metódica y completamente científica en este problema surgió la filosofía religiosa aplicada de Scientology, que ofrecía no sólo mayor felicidad y capacidad, sino también soluciones para problemas sociales en apariencia irremediables, como el abuso de las drogas, la decadencia de las normas morales y el analfabetismo, y siempre daba soluciones efectivas y funcionales según las encontraba.

La historia de Dianética y Scientology comenzó mucho antes de la publicación del primer libro del Sr. Hubbard sobre el tema. En efecto, incluso en sus primeros años dio ejemplo de un sentido de propósito y dedicación poco comunes que, combinados con su espíritu aventurero, lo convirtieron en una leyenda viviente. Su búsqueda por respuestas para la condición humana durante toda su vida, fue también una aventura; porque a diferencia de otros filósofos que quedaban satisfechos con ver los sucesos desde una torre de marfil, él sabía que para comprender realmente a nuestros semejantes, se tenía que ser parte de la vida. Tenía que relacionarse con toda clase y tipo de gente y tenía que explorar los rincones y grietas de la existencia.

Este capítulo tratará los episodios clave que dieron forma a la vida de L. Ronald Hubbard, y los puntos importantes en la ruta de sus descubrimientos. Como quiera que sea, fue una vida plena e interesante en extremo, pero su verdadero valor radica en su legado a la humanidad.


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