A la edad de diecinueve años, mucho antes de la aparición del aeroplano comercial o el transporte de aviones a reacción, había viajado más de cuatrocientos mil kilómetros, lo que incluye viajes no sólo a China, sino también a Japón, Guam, las Filipinas y otros lugares de Oriente. En un sentido muy real, el mundo mismo fue su salón de curso, y estudió en él con voracidad, llevando un registro de lo que veía y aprendía en sus diarios siempre presentes, que conservó cuidadosamente para referencia futura.

En todos los sitios a los que fue, también empleó su tiempo en ayudar y enseñar a los demás. En una remota isla del Pacífico, por ejemplo, demostró a los aterrados nativos que los gemidos del fantasma de una cueva, supuestamente encantada, no eran otra cosa que la corriente del agua subterránea.





© 1996-2004 Iglesia de Scientology Internacional. Todos los derechos reservados.

Para información sobre marcas registradas