Se inscribió en la Universidad George Washington donde probablemente debió estudiar etnología, ya que era un experto en muchas culturas diferentes: desde los pigmeos de Filipinas a los chamanes kayan de Borneo, hasta los chamorros de Guam. Pero, en lugar de eso, el destino y su padre lo ubicaron, por fortuna, en matemáticas e ingeniería. Con su conocimiento de tantas culturas y su creciente conciencia acerca de la condición humana, sus antecedentes en ingeniería y matemáticas le servirían para resolver los enigmas de la existencia y el potencial espiritual del hombre con un enfoque científico.

S e inscribió en uno de los primeros cursos de física nuclear que se enseñaron en los Estados Unidos, sustentando la teoría de que era posible que el mundo de las partículas subatómicas aportara una pista para el proceso del pensamiento humano. Además, estaba preocupado por la seguridad del mundo, y se daba cuenta de que si el hombre iba a manejar el átomo con cordura para obtener el máximo beneficio, tendría que aprender primero a manejarse a sí mismo. Su meta, entonces, era sintetizar y poner a prueba todo el conocimiento de lo que era observable, de lo que era funcional, y de todo lo que podría ayudar, en verdad, a solucionar los problemas del hombre. Con ese fin, se dispuso a determinar con precisión cómo funcionaba la mente.





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