Ronald llevó estos descubrimientos al departamento de psicología, ya que dedujo que aquellos a quienes se les pagaba por su conocimiento acerca de la mente; podrían contestar mejor las preguntas que surgían de sus experimentos. Más que respuestas, sin embargo, encontró que los psicólogos de la Universidad George Washington no sólo no tenían comprensión ni entendimiento de los resultados, sino que, lo más importante, ni siquiera se interesaban en tales asuntos.

Asombrado en extremo, pronto llegó a darse cuenta de que nadie sabía cómo funcionaba la mente, además, nadie en el campo de la psicología o de la psiquiatría tenía interés en averiguarlo.

No solamente no había respuestas en Oriente, no se podía encontrar ninguna en ningún centro de cultura de Occidente.





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