Dirigió dos expediciones: la Expedición Cinematográfica del Caribe, que duró dos meses y medio y fue un viaje de 9.200 kilómetros a bordo de la goleta de cuatro mástiles, Doris Hamlin, y la Expedición Mineralógica de las Indias Occidentales, que completó el primer estudio mineralógico de la isla de Puerto Rico bajo la autorización de los Estados Unidos. A su regreso a los Estados Unidos, y con escasas subvenciones científicas, comenzó su camino como escritor hacia la fama y la fortuna; esto sostuvo su investigación y lo convirtió en uno de los escritores más populares de la década de 1930.

El editor de la revista Thrilling Adventures (Aventuras Apasionantes), una más de las 30 publicaciones en que aparecían sus titulares, escribió en octubre de 1934: "L. Ronald Hubbard no necesita presentación. Por las cartas que ustedes envían, sus historias se encuentran entre las más populares que hemos publicado. Algunos de ustedes se habrán preguntado cómo consigue ese colorido espléndido que siempre caracteriza sus relatos de lugares lejanos. La respuesta es: él ha estado ahí, amigos; ha estado, ha visto y ha hecho, y no se ha quedado corto en ninguno de estos tres aspectos".

Nunca detuvo sus investigaciones vitales sobre el hombre mientras escribía para sus editores de Nueva York y guiones cinematográficos para Hollywood como El Secreto de la Isla del Tesoro.





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