Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, el Sr. Hubbard fue puesto en servicio activo como teniente (de grado subalterno) en la Marina de los Estados Unidos y sirvió como capitán de corbeta. Vio la acción tanto en el Atlántico como en el Pacífico, y se distinguió por completo ante los ojos de aquellos que sirvieron bajo su cargo. Aún así, no era un hombre que disfrutara la guerra, y al ver matanza suficiente para toda una vida y los efectos de tal derramamiento de sangre en la cordura de los hombres hizo votos por redoblar sus esfuerzos y crear un mundo más cuerdo. Con este mismo sentido de compasión, hizo lo que pudo para salvaguardar a sus tripulaciones, lo que llevó a uno de sus hombres a escribir:

"Siento que tengo una tremenda deuda de gratitud con usted. Primero por haberlo conocido. En segundo lugar porque usted ha representado para mí todos los atributos de un oficial naval de 'novela'. Me doy cuenta que usted era un oficial y un caballero mucho antes que el Congreso lo decidiera así".

En 1945, el Sr. Hubbard fue internado en el Hospital Naval de Oak Knoll en Oakland, California, al quedar parcialmente ciego y con los nervios ópticos dañados e incapacitado por lesiones en la cadera y en la espalda. Entre los 5.000 pacientes navales y de Infantería de Marina en Oak Knoll había cientos de ex prisioneros americanos liberados de los campos japoneses de las islas del Pacífico Sur. Muchos estaban en una condición terrible por inanición y otras causas, incapaces de asimilar proteínas.





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