En un intento por resolver este problema, los médicos de la Marina les administraban testosterona, una hormona masculina. Este tratamiento médico, sin embargo, no lograba resultados efectivos en todos los pacientes y el Sr. Hubbard aprovechó la oportunidad no sólo para ayudar a sus compañeros de servicio, sino para probar, en la práctica, una teoría que había desarrollado.

"Todo lo que trataba de establecer", escribió, "era si la mente controlaba al cuerpo o si el cuerpo controlaba la mente. Por lo tanto, si en algunos de estos pacientes las hormonas no funcionaban y en algunos de ellos lo hacían, podría haber una razón mental. Si aquellos pacientes en los que no funcionaban tuvieran un bloqueo mental grave, entonces era obvio que sin importar la cantidad de hormonas o tratamiento médico que cualquier persona recibiera, no se pondría bien. Si la mente fuera capaz de imponer tanta restricción sobre el cuerpo físico, obviamente el hecho, que comúnmente era considerado verdad, de que la estructura regulaba la función, sería falso. Me propuse probar esto... No estaba interesado en endocrinología sino en resolver si la función controlaba a la estructura o si la estructura controlaba a la función".

Caso tras caso, encontró que al utilizar las técnicas que había desarrollado, pacientes que previamente no respondían, de inmediato mejoraban con el tratamiento médico una vez que se eliminaban los bloqueos mentales.

De hecho, la función controlaba a la estructura. Como Ronald observó en ese momento: "El pensamiento es el que manda".

Este fue un concepto revolucionario, contrario a las concepciones equivocadas que habían plagado la filosofía oriental y la ciencia durante siglos.





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