Cuando se restableció la paz al final de la guerra, el Sr. Hubbard inició de inmediato pruebas posteriores sobre lo funcional de sus asombrosos descubrimientos. Esta fue una investigación intensiva. Seleccionó como sujetos a personas de todas partes: de Hollywood, donde trabajó con actores y escritores; de Savannah, Georgia, donde ayudó a pacientes de un hospital para enfermos mentales profundamente perturbados y de Washington, D.C., de la ciudad de Nueva York, de Nueva Jersey, Pasadena, Los Ángeles y Seattle. En total, antes de 1950, había ayudado personalmente a más de cuatrocientas personas, con resultados espectaculares. Usó los mismos procedimientos para curar las lesiones y heridas que él había recibido, y en 1949 recuperó la salud por completo.

Tan completa fue su recuperación, que los oficiales del Consejo Naval de Retiro, al revisar el caso del teniente Hubbard realmente estaban desconcertados. Después de todo, analizaban: ¿Cómo podía pasar un examen físico completo un hombre que estaba físicamente hecho pedazos al final de la guerra? La única respuesta, concluyeron, era que L. Ronald Hubbard debía ser alguien diferente. Cuando vieron que se encontraba en buenas condiciones, lo designaron apto para prestar servicio activo.





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